Empezamos 2025 preguntándonos por los retos y desafíos a los que se enfrenta el sector cultural en Europa. Una visión global de los problemas que afectan a las industrias culturales que es también muy útil para trazar estrategias para cada agente cultual en su ámbito territorial de actuación. Para responder a esta difícil pregunta hemos acudido al último informe de Culture Action Europe (CAE), la principal red europea de redes, organizaciones, artistas, activistas, académicos y responsables políticos culturales. Se define como «única red intersectorial, que reúne a miembros y socios estratégicos de todos los ámbitos de la cultura, la voz política del sector cultural en Europa, el primer puerto de escala para la opinión informada y el debate sobre las artes y la política cultural».

En su reciente informe «El Estado de la Cultura» la CAE advierte sobre los desafíos que tiene que afrontar el sector durante los próximos meses. Entre las claves para entender las políticas culturales europeas y estatales, la CAE previene de un avance de la instrumentalización de la cultura. «La cultura se ve cada vez más como una herramienta, producto o recurso para alcanzar objetivos externos. Esta tendencia a la hiper-instrumentalización de la política cultural no ha mejorado la situación del sector, ni en términos de inversión pública ni en su integración en las agendas políticas clave. Más bien, socava la autonomía del sector»; señala el documento. En este sentido también subraya la brecha que existe entre la valoración de la cultura por parte de los políticos en relación con la visión del propio sector. «Los responsables políticos a menudo esperan resultados concretos a corto plazo, mientras que el verdadero impacto de la cultura es más profundo, amplio y menos inmediatamente medible. Además, hay un desajuste en el enfoque: áreas como el crecimiento económico, la consolidación de la identidad nacional y la cohesión cultural, a menudo enfatizadas en la política, no se alinean con la visión del sector de sí mismo como catalizador del pensamiento crítico, el pluralismo, la transformación social y el compromiso cívico».

La autonomía de la cultura frente a la política es una de las grandes preocupaciones. Una autonomía que en los últimos años se ha reducido con nuevas amenazas a la libertad de creación artística. La CAE alerta de cómo «esto surge por varios factores, incluido la ascensión de fuerzas políticas que ven la cultura como un medio para consolidar identidades nacionales a través de perspectivas singulares, un área que el sector cultural generalmente no ve como su función principal. El sector del patrimonio cultural ha abogado durante mucho tiempo por narrativas pluralistas del pasado que contribuyen a la inclusión de las sociedades actuales. La libertad de las artes también está siendo desafiada por la polarización social, el aumento de la conciencia pública sobre cuestiones sociales y un espacio cada vez más reducido para el debate público. Los factores primarios que socavan la libertad artística hoy son diferentes de los de décadas anteriores: incluyen la autocensura impulsada por un enfoque instrumentalizado de la cultura, una mayor cautela entre instituciones y artistas al equilibrar sus libertades con la responsabilidad social, y la profunda precariedad de sostener una vida y carrera dentro del sector».

La relación entre cultura y política, en cuanto a financiación se refiere, es demasiado estrecha. El informe también subraya como la cultura se ha mostrado tremendamente frágil ante las sucesivas crisis vividas en los últimos tiempos. En este sentido solicita un «andamiaje político» como marco para poder desarrollarse y consolidarse de forma estable. «Los elementos esenciales de este marco incluyen: una política de confianza y autonomía para la cultura; un enfoque equilibrado hacia los sectores creativos; un amplio compromiso social con las artes; y condiciones de trabajo sostenibles para todo el ecosistema cultural».

«Los factores primarios que socavan la libertad artística hoy son diferentes de los de décadas anteriores: incluyen la autocensura impulsada por un enfoque instrumentalizado de la cultura, una mayor cautela entre instituciones y artistas al equilibrar sus libertades con la responsabilidad social, y la profunda precariedad de sostener una vida y carrera dentro del sector».

Así, el documento de la CAE analiza el papel de la cultura en algunos de los retos generales más destacados en la actualidad para la sociedad europea. Ante el problema de la migración considera que «la cultura se ha convertido en un campo de batalla para identidades e ideologías en competencia, con el consumo cultural desplazándose cada vez más hacia experiencias individualizadas y bajo demanda. Aunque la cultura es fundamental para la democracia, debe ser democrática para cumplir con este papel esencial» puntualizando como «hubo un tiempo en que la cultura fue promovida y apoyada por los responsables políticos como una herramienta para integrar a los migrantes en las sociedades europeas». En cuanto al reto del cambio climático la cultura puede resolver contradicciones no resueltas que se resumen en  que «las políticas actuales se centran principalmente en reducir el impacto ambiental de la cultura o protegerla del cambio climático. Si bien estos objetivos son importantes, el sector cultural cree que puede desempeñar un papel mayor en la acción climática, por ejemplo, en la reimaginación de fundamentos sociales y económicos para una mayor sostenibilidad. El sector se siente infravalorado en la transición verde pero teme que el reconocimiento de su papel pueda resultar en una presión indebida sin apoyo adicional, amenazando potencialmente la sostenibilidad del sector. Un mejor enfoque sería incluir la cultura como un objetivo independiente en las agendas de sostenibilidad, pero las discusiones globales sobre esto están progresando poco».

Esta comunidad cultural que forma la CAE reconoce el papel limitado de las políticas de la UE en materia cultural en cada uno de los territorios pero invita a impulsar su misión de promover cambios importantes en las políticas culturales de los Estados miembro. «Hoy, en medio de reflexiones globales sobre cómo podría ser la cultura como un bien público, la UE tiene el potencial de estar a la vanguardia de la innovación en la formulación de políticas culturales. Sin embargo, un cambio audaz en forma de una enmienda de los tratados debe ser necesario para una política cultural de la UE verdaderamente ambiciosa e impactante».